Luis González Reyes. Foto: María José Esteso Poves.
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Reseña de «Iv» y de «El Oráculo de Gaia», por Luis González Reyes

Un imaginario muy extendido es que, detrás del colapso de la civilización industrial, habrá un mundo de miseria y lucha constante entre las personas. Una especie de apocalipsis zombi. Es un imaginario que no solo proyectan los centros de poder para su propio beneficio, sino que también impregna gran parte de las visiones de los movimientos con vocación emancipadora. Si no conseguimos contrarrestar este imaginario, las probabilidades de que se convierta en una profecía autocumplida serán altas, por lo que este es uno de los espacios centrales de trabajo. La construcción de los imaginarios se conforma en múltiples campos, pero probablemente uno de los más destacado es de las artes en sus múltiples expresiones.

Retazos de la red, de Juan Ibarrondo, ya había hecho una incursión notable en la construcción de visiones liberadoras de los escenarios poscolapso, pero El Oráculo de Gaia e Iv de Érawan Aerlín (alterego literario femenino de Carlos de Castro) contienen una sutileza y complejidad bastante más refinadas.

Suponen dos aportaciones de primerísimo nivel en esta construcción de imaginarios emancipadores. Las dos novelas muestran un futuro complejo en el que la situación está lejos de ser una la maniquea y muy masculina visión de personas peleando constantemente entre sí. Digo “maniquea” porque no se sostiene por ningún sitio una sociedad articulada solo alrededor de una lucha sin fin. Es una visión que obvia que los seres humanos tenemos una tendencia innata a la sociabilidad y que necesitamos de toda una serie de cuidados imposibles de recibir si estuviésemos buscando siempre la forma de matarnos. Los textos son mucho más ricos que esa simplificación grotesca de la naturaleza humana que es Mad Max. Hay enfrentamientos y luchas, pero también hay amor, mucho amor, y cuidados. Es más, estos últimos rasgos aparecen como un elemento fundante del conjunto de la biosfera, de Gaia.

Pero los dos libros tienen lecturas más allá de escudriñar en la naturaleza humana y de la vida dando esperanzas de escenarios poscolapso transformadores y con capacidad de trascendencia. También toman perspectiva, mucha perspectiva, tanto temporal como de escala. Las historias que nos plantean no hablan de décadas, sino de milenios. Los plazos no son humanos, sino gaianos y eso nos sitúa en lógicas totalmente distintas. Pero no solo los tiempos son largos, sino que las escalas son amplias. Los libros, aunque se estructuran alrededor de lo que hacen algunas personas y sociedades, en realidad están escritos desde una mirada biosférica, gaiana. Eso sitúa las reflexiones que evocan las tramas en otro marco mucho más rico que el de mirarnos nuestro ombligo.

Además, ambas novelas, pero sobre todo Iv, permiten una lectura entrelíneas de algunas de las conclusiones más destacadas del trabajo científico llevado a cabo por el autor en su Teoría de Gaia Orgánica. Un trabajo con fuertes implicaciones políticas, económicas y filosóficas.

Quien después de haber leído esto piense que El Oráculo de Gaia e Iv son dos tratados disfrazados de novela se equivocaría. Otra de las virtudes de los libros es que permiten, al menos, dos lecturas. Una profunda y otra, no incompatible, más superficial. Es en esta segunda en la que se disfruta de una trama que engancha de principio a fin y que está lejos de ser lineal y predecible.

En resumen, si ahora mismo me preguntasen a bocajarro por una novela que recomendaría de todas las que me he leído, El Oráculo de Gaia e Iv tendrían bastante probabilidad de salir por mi boca.

(Publicado previamente en el blog El Saltamontes, de El Salto. Foto: María José Esteso Poves.)

Luis González Reyes. Foto: María José Esteso Poves.

Luis González Reyes

Miembro de Ecologistas en Acción.
Coautor de En la espiral de la energía.

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